Trajeron luces y los Señores Blathers y Duff acompañados del constable del distrito, de Brittles, de Giles y en fin de todos los comensales de la casa, se dirijieron á la pequeña bodega situada al estremo de la entrada.
Despues de haber examinado su ventana, dieron la vuelta por el prado, examinaron de nuevo la ventana y luego el postigo y con la ayuda de un farol siguieron la huella de las pisadas y batieron los zarsales con una orquilla.
Hecho esto en presencia de todos los concurrentes que observaron durante este tiempo el silencio mas riguroso se entró otra vez en la sala y allí Giles y Brittles fueron requeridos á dar la representacion dramática del papel que habian desempeñado la noche anterior, y se vino en conocimiento el que despues de haber repetido esta escena cinco ó seis veces, no se contradijeron mas que sobre un solo hecho importante en la primera y sobre una docena á lo mas en las últimas.
Agotada la volubilidad de nuestros dos actores, Blathers y Duff se retiraron á la habitacion vecina y tuvieron consejo entre ambos. La naturaleza y la importancia de su coloquio fueron tales, que una consulta de los mas hábiles doctores sobre el caso mas espinoso en materia de medicina, comparada con él no hubiera sido mas que un juego de niños.
Entre tanto el doctor que habia quedado solo con las dos señoras se paseaba arriba y abajo de la sala, sumamente agitado mientras que Rosa y la Señora Maylie se miraban con aire de inquietud.
—Por vida mia! —dijo parándose en seco —Verdaderamente no sé que hacer!
—Estoy segura que la historia de este niño contada francamente á esos hombres bastaria para disculparle á sus ojos. —dijo Rosa.
—Yo lo dudo mucho querida! —contestó el doctor meneando la cabeza —No creo que ella pueda producir buen efecto en el ánimo de esas gentes.. ni mas ni menos que en el de los de un grado superior. En resúmen quién es? (objetarán) Un vagamundo y no mas. Si juzgamos por las apariencias y las consideraciones del mundo, su historia es bastante dudosa.
—Pero vos, la teneis por verdadera, no es cierto? —repuso vivamente la jóven.
—Sí; sin duda. Creo en ella por estraña que sea y por eso puedo ser muy bien un solemne papanatas replicó el doctor —Pero no creo (como os lo he dicho poco hace), que sea este el género de historia que pueda interesar á un agente de policía algo versado en la gramática de su profesion.