—Por qué no? —preguntó Rosa.

—Por qué bella niña? —contestó el doctor. —Porque considerada bajo cierto aspecto y sobre todo por esas gentes, hay en ella bastante de obscuro. Ese niño no puede probar mas que las circunstancias que están en contra suya y ni una de las que podrian militar en su favor —El diablo se lleve á los agentes de policía! Querrán tener los si y los porqué y de pronto no nos harán concesion alguna! Segun nos ha dicho él mismo ya veis que por espacio de algun tiempo ha estado con ladrones! Ha sido llevado á un tribunal de policía como autor del hurto de un pañuelo á un caballero, luego evacuando una comision de este mismo caballero que lo ha tratado con todas las consideraciones posibles, es arrastrado en un sitio que no puede describir y del que no tiene la menor idea... Es el caso, que les dá el capricho á unos hombres de conducirlo á Chertsey á su pesar; se le hace pasar por una ventana con el intento de pillar la casa y justamente en el instante en que quiere dar el grito de alarma (el único hecho que hubiera podido probar en su favor si se hubiese ejecutado), llega el mayordomo y le tira un pistoletazo, como para impedirle el obrar en su propio interés! Se ha visto nunca cosa semejante?

—No digo que no; —respondió Rosa sonriéndose de la vivacidad del doctor —Pero no veo en todo esto nada que demuestre la culpabilidad de ese pobre niño.

—No; sin duda. —contestó el doctor —Gracias á la belleza de vuestro sexo no veréis nunca mas que un lado de la cuestion; sea bueno ó malo, siempre es el que primero se presenta.

Esto diciendo, el doctor metió las manos en sus faltriqueras y se paseó de nuevo arriba y abajo con mayor agitacion que antes.

—Cuanto mas lo reflecsiono —dijo mas entreveo el sin número de dificultades que tendrémos que vencer. Si contamos á esos hombres la cosa tal como ella es, estoy cierto que no nos creerán y aun suponiendo que mas tarde acaben por disculpar á ese niño, la publicidad que darán á este asunto y la duda que lo envolverá, destruirán todo el afecto de la buena accion que os proponeis, sacándole de este mal paso.

—Entónces qué hacer? —esclamó Rosa —Dios mio! Dios mio! ¿Por qué se ha dicho á esos hombres que vinieran?

—Es verdad! —dijo la Señora Maylie —Lo daria todo en el mundo, porque no hubieran venido!

—Lo mejor que hay que hacer, segun mi opinion —dijo Mr. Losberne dejándose caer en una silla, como hombre que ha perdido toda esperanza —es revestirnos de una buena dósis de audacia... No veo otro medio... Nuestra intencion es laudable y en ello hay escusa... Ese niño tiene fuertes síntomas de fiebre y no se encuentra en situacion de poder hablar. Este es ya un buen recurso... Harémos todo lo posible y sino salimos con la nuestra á fé mia no tendrémos de ello la culpa! Entrad!

—Y bien paisano —dijo Blathers seguido de su compañero y cerrando la puerta —No era esto un golpe premeditado?