—Creo que no podeis decir lo contrario? —prosiguió el doctor acostando otra vez á Oliverio con precaucion.

—Todo lo que he hecho, ha sido con... con buen fin. —respondió Giles —Os aseguro que no tengo mal carácter. Si no hubiese creido que ese era... el niño de... del... de los... me habria guardado muy bien...

—El niño de quiénes decís? —preguntó Mr. Duff.

—El niño de uno de los ladrones. —contestó Giles —Es la pura verdad que llevaban... con ellos... un... un niño.

—Y estais aun en la conviccion de que ese sea el mismo? —preguntó Blathers.

—Qué sea el mismo quién? —contestó Giles mirando á Blathers con aire despavorido.

—El mismo niño imbécil! —dijo Blathers perdiendo la paciencia.

—No podria deciros... A la verdad no sé. —respondió Giles completamente desconcertado... —No podria afirmarlo... Pienso...

—Qué pensais? —preguntó Blathers.

—No sé que pensar. —replicó el pobre Giles —No pienso, en verdad que ese sea el mismo niño. Estoy cuasi seguro de que no es él... Vos mismo sabeis bien que no puede ser él.