La salita que le servia de gabinete de estudio estaba situada en el piso bajo tras de la casa. Recibia la luz por una ventana enrejada al rededor de la cual se entrelazaban la madreselva y el jazmin, que derramaban en el interior un perfume delicioso. Esta ventana caia en un jardin cerrado por una cerca tras la cual se veian verdes florestas y prados esmaltados de flores. Como no habia habitacion cercana en esta direccion su perspectiva era dilatadísima.
Una tarde cuando las primeras sombras de la noche empezaban á cubrir la tierra, Oliverio estaba sentado frente á una mesa cerca la ventana de su gabinete con los ojos fijos sobre sus libros. Como el dia habia sido escesivamente caloroso y él habia trabajado mucho, se amodorró por grados y se durmió insensiblemente.
Oliverio sabia muy bien que estaba en su salita de estudio, con sus libros colocados ante él sobre una mesa y que un zéfiro blando ajitaba las hojas al exterior; con todo dormia. De repente la escena cambió, el aire se hizo mas espeso y se creyó de nuevo en la casa del judío, donde el horrible viejo desde el rincon de la chimenea su sitio acostumbrado le señalaba con el dedo, hablando al oido de otro individuo sentado á su lado que daba la espalda al niño.
—Chito! dijo Fagin —El es! vámonos!
—El! —respondió el otro —pensais que no le reconozca? Si se encontrára en medio de una multitud de demonios, revestidos de su misma forma y fisonomía, algo habria que me lo haria reconocer entre ellos. Si estuviera á cincuenta piés bajo la tierra y la casualidad me condujera sobre su tumba sabria bien que está enterrado allí aunque nada hubiera que me lo indicase. Qué un rayo le confunda!
Habia tanto ódio en las palabras de ese hombre que Oliverio se despertó sobresaltado y se estremeció de espanto.
—Gran Dios! —allí, allí... ante su ventana, muy cerca de él... tan cerca que hubieran podido tocarle, antes de tener tiempo para huir... vió al judío que le miraba! Su vista penetrante encontró la suya... y al lado del horrible viejo... ante esta misma ventana pálido de rabia ó de terror ó tal vez de ambas cosas estaba ese mismo hombre que le habia hablado tan bruscamente á la puerta de la posada.
En menos de nada desaparecieron con la celeridad del relámpago pero le habian reconocido como él á ellos y sus miradas habian quedado grabadas en su memoria tan profundamente como sobre la piedra. Por de pronto quedó hecho un mármol; pero luego abriendo la reja y saltando por la ventana al jardin dió la alarma dando grandes gritos.
CAPÍTULO XXXIV.
RESULTADO POCO SATISFACTORIO DE LA AVENTURA DE OLIVERIO ENTREVISTA DE ALGUNA IMPORTANCIA ENTRE ENRIQUE MAYLIE Y LA SEÑORITA ROSA.