CUANDO los comensales de la casa atraidos por los gritos de Oliverio llegaron apresuradamente al jardin, encontraron, á ese pobre niño pálido y azorado señalando con el dedo el prado, al detrás de la cerca y pudiendo apenas articular estas palabras.

—El judío! el judío!

Giles no podia comprender lo que esto significaba, pero Enrique Maylie á quien su madre habia contado la historia de Oliverio estuvo pronto al caso.

—¿Qué camino ha tomado? —preguntó armándose de un buen garrote que estaba en un rincon.

—Por allí! —contestó Oliverio señalando con el dedo la direccion que habian tomado los dos hombres. Los he perdido de vista en un momento.

—Entonces están en el barranco. Seguidme tan de cerca como podais. Dicho esto, saltó la cerca y corrió con tal prisa que los demás tuvieron trabajo en seguir sus pasos.

Giles andó cuanto pudo. Oliverio hizo lo mismo; y Mr. Losberne, que habia ido á dar un paseo por los campos, habiendo regresado en esta circunstancia, saltó la cerca como los otros tres y enderezándose con mas ligereza de la que podia creerse en él, les siguió muy de cerca llamándoles todo el camino para saber la causa de su escursion.

Así corrieron, sin tomar aliento hasta el angulo de un campo indicado por Oliverio. Entonces Enrique Maylie que habia llegado el primero, se puso á inspeccionar el barranco y la cerca. En este tiempo se le reunieron los demás y Oliverio pudo esplicar á Mr. Losberne el motivo de esta persecucion.

Sus pesquisas fueron inútiles; no descubrieron mas que las huellas de los pasos de los dos fugitivos. En este momento se hallaban en la cima de una colina que dominaba la llanura, en un rádio de tres ó cuatro millas. La aldea estaba en el fondo á la derecha; pero suponiendo que los dos hombres hubiesen tratado de refugiarse en ella, tenian necesidad de hacer en rasa campiña un circuito que no les era posible recorrer en tan poco tiempo. Es verdad que un bosquecillo rodeaba la pradera en otra direccion pero no habian podido llegar á él por la misma razon.

—Oliverio de seguro habeis soñado! dijo Enrique Maylie tomando á parte á Oliverio.