Entre tanto Rosa se restablecia rápidamente. A los pocos dias se halló en estado de salir y mezclándose de nuevo con la familia volvió la alegria en todos los corazones.

Pero aun que este cambio feliz produjo un efecto visible sobre el pequeño círculo de amigos y aun que la felicidad y el contento reinasen aun otra vez en la casa, existia de cuando en cuando entre algunos de ellos (y Rosa era el del número) un embarazo desusado, que Oliverio se vió obligado á notar. La Señora Maylie se encerraba á menudo con su hijo durante horas enteras y la jóven compareció mas de una vez en el salon con los ojos húmedos de lágrimas.

Despues que Mr. Losberne hubo fijado el dia de su partida para Chertsey este embarazo redobló: era pues evidente que pasaba algo que afectaba vivamente á la jóven señorita y á otra persona además.

Una mañana que Rosa estaba sola en el comedor, Enrique Maylie entró y le pidió con mucha instancia hablarle un momento.

—Algunos minutos, Rosa! Solo algunos minutos! —dijo Enrique acercando su silla á la de la jóven. —Lo que tengo que deciros, debe haberse presentado por sí mismo en vuestra alma. No ignorais mis mas queridas esperanzas; mis sentimientos os son conocidos aun que no os los haya revelado yo mismo.

Rosa que se habia puesto pálida desde la entrada de Enrique Maylie, hizo solo una señal de cabeza y entreteniéndose en desojar algunas flores que tenia en la mano esperó en silencio que continuára.

—Hace tiempo que debiera haber partido —dijo Enrique.

—Es verdad —contestó Rosa —Perdonadme si os hablo así; pero siento que no lo hayais efectuado.

—He venido aquí impulsado por el mas terrible de los temores —repuso el jóven; el de perder al objeto de todas mis afecciones... el sér que me es mas querido á la vida... aquella en fin sobre quien fundo mis deseos y mi esperanza.

En este momento se escaparon de los ojos de la jóven algunas lágrimas que aumentaron aun mas su belleza.