Al propio tiempo Mr. Bumble tomó su sombrero que estaba colgado de un clavo y ladeándolo un tanto sobre su cabeza (á guisa de maton) y como corresponde al hombre que ha establecido su superioridad de una manera conveniente, metió ambas manos en sus faltriqueras y se dirijió, andando á saltitos hácia la puerta dándose humos de consumado espadachin.

La ante dicha Señora Corney habia ensayado el espediente del lloriqueo, por creerlo menos fatigoso que venir á las manos; pero con todo estaba completamente decidida á emplear este último medio como tuvo ocasion, de saberlo incontinenti Mr. Bumble. Un ruido sordo sorprendió á su oreja y al mismo tiempo su sombrero fué volando al otro estremo de la sala. Esta accion preliminar dejaba la cabeza de su dueño desnuda y la buena señora con una mano le cojió por el cogote y con la otra le asestó una lluvia de puñetazos sobre la desdichada cabeza con un vigor y una destreza poco comunes.

En esto la Señora Bumble dió algunos pasos atrás para arreglar la alfombra, que habia sido desordenada con los piés durante la lucha y Mr. Bumble se escapó sin dilacion de la sala.

Mr. Bumble quedó sumamente estupefacto y lindamente apaleado. Tenia una propension decidida en hacerse el fanfarron y esta propension le infundia cierto placer en ejercer una pequeña tiranía sobre los que le estaban subordinados: no necesitamos decir que era poltron.

Pero la medida de su degradacion no estaba llena aun y otra afrenta le estaba reservada. Despues de haber recorrido el establecimiento en todas direcciones pensando por la vez primera que la ley concerniente á los pobres —era demasiado severa y que aquellos que abandonaban sus mujeres y las dejaban, al cuidado de la parroquia eran mas dignos de compasion que de reproche atendido á lo mucho que debian haber sufrido, Mr. Bumble se encontró cerca el lavadero donde las mujeres de la casa lavaban ordinariamente la ropa de la parroquia y la conversacion le pareció en un diapason mas alto de lo regular.

—Hem! —hizo el digno director recobrando ese aire de orgullo que le era natural —al menos esas pordioseras —continuarán respetando mis prerrogativas —Ola! ¿qué significa este barullo? Os callaréis viejas brujas!

Esto diciendo Mr. Bumble abrió la puerta y se adelantó con ademan irritado; pero apenas hubo dado algunos pasos, se calmó viendo á su esposa que no esperaba encontrar allí.

—Mi querida amiga —dijo —no os hacia en este sitio.

—No eh? —contestó la amable señora —y vos mismo que venís á hacer en él?

—Mi querida amiga se me figuraba que hablaban demasiado para poder dedicarse á su trabajo! —repuso Mr. Bumble mirando con aire despavorido á dos viejas ocupadas en javonear en una cubeta y que se comunicaban su asombro respecto á la humildad del director de la casa.