—Se os figuró que hablaban demasiado no es cierto? —dijo la matrona —Y quién os hace meter á vos en camisa de once varas?
—Pero mi querida amiga! —replicó Mr. Bumble humildemente.
—Sí, lo repito; quién os hace meter en camisa de once varas? preguntó la matrona.
—Es cierto que vos sois aquí la señora. —respondió aquel con el mismo tono —pero creia que vos no podiais estar presente en este momento.
—Quereis que os hable claro Mr. Bumble —repuso la Señora —pues sabed que estais aquí de mas y que sois demasiado propenso á meter el hocico donde no os incumbe. No hay nadie de esta casa que no se ria de vos luego que habeis vuelto la espalda y vuestras boberías os hacen tan ridículo, que á cada hora del dia sois el bú de todo el mundo! Ea! salid de aquí!
Al aspecto de las dos viejas pordioseras que, se guiñaban grotescamente el ojo, Mr. Bumble esperimentó, un cerramiento de corazon y vaciló un instante, pero su consorte, cuya impaciencia no sufria retardo, cojió un cacillo, lo sumerjió en el agua de jabon y señalándole la puerta con el dedo, le mandó salir bajo pena de recibir el líquido sobre su noble persona.
Qué podia hacer Mr. Bumble? Miró en torno suyo con triante contrito y desfiló á paso redoblado. Apenas habia pasado el lindar de la puerta, cuando las carcajadas de las dos viejas redoblaron con mayor brio que antes. El las vió y le atravesaron hasta el centro del corazon. Esto solo faltaba. Estaba degradado á sus ojos; habia perdido su aplomo y su autoridad sobre los pobres del establecimiento, habia caido de la cumbre, de la grandeza y del esplendor del pertiguerismo al estado mas vil de marido con faldas.
—Y todo esto en el espacio de dos meses! —dijo Mr. Bumble con el alma agoviada de tan tristes pensamientos. —Dos meses!
Esto pasaba de la raya: Mr. Bumble descargó un bofeton al muchacho que le abrió la puerta principal, porque en medio de sus delirios habia llegado bajo el portal y se lanzó á la calle.
Marchó como un loco, tomando ya á la derecha y á la izquierda hasta que el aire y el ejercicio le hubieron calmado un tanto: entonces se sintió sediento: pasó por delante muchas tabernas, sin que llamasen su atencion y observando una entre otras situada al estremo de un callejon sin salida, entró en ella.