Ambos iban embozados en viejas capas. Avanzaron así en silencio; de tanto en tanto Mr. Bumble conteniendo su paso y volviendo la cabeza para asegurarse de que su compañera le seguia al ver que esta le picaba los talones, redoblaba su ligereza para llegar lo mas pronto al lugar de la cita.

Este no era mas que un conjunto de miserables chozas, situadas su mayor parte á algunos pasos de la orilla del agua: las unas edificadas de ladrillos mal unidos, las otras de tablas de buque podridas ó carcomidas. Algunas barcas agujereadas, enclavadas en el fango y amarradas al pequeño muro que rodeaba el malecon, un remo y cuerdas estendidas acá y acullá sobre la ribera, parecian indicar de pronto que los habitantes de estas pobres habitaciones tenian alguna ocupacion en el rio; pero un solo golpe de vista bastaba al transeunte para adivinar que estos objetos inútiles y fuera de servicio estaban allí puestos mas para salvar las apariencias, que con el fin de alguna utilidad cualquiera.

Al centro de este monton de casuchas y tan cerca del ribazo que los pisos superiores dominaban el rio, estaba un gran edificio que sirviera en otro tiempo de taller y el cual proporcionaria entonces ocupacion á los habitantes de las casas circunvecinas; pero desde larga fecha se habia convertido en ruinas. Los ratones, los gusanos, así como la humedad habian flaqueado y podrido los pilares de madera que lo sostenian y una gran parte se habia derrumbado dentro del agua, mientras que la otra apretada bajo su propio peso, parecia espiar una ocasion favorable para hacer otro tanto.

Ante esta casa fué donde se paró la digna pareja, cuando los primeros retumbos del trueno se hacian oir á lo lejos y la lluvia empezaba á caer á torrentes.

—Este será el sitio! —dijo Mr. Bumble consultando un pedacito de papel que tenia en la mano.

—Oe! —gritó una voz encima de él.

Mr. Bumble levantó la cabeza y descubrió en el segundo piso un hombre mirando por una ventana.

—Esperad un momento —gritó de nuevo la voz —soy con vosotros dentro un minuto. —Dicho esto desapareció y la ventana se cerró en seguida.

—¿Es él? —preguntó la mujer.

Mr. Bumble hizo una señal de cabeza afirmativa.