—Entonces tened en cuenta lo que os he dicho y cuidad de hablar lo menos posible, si no quereis hacernos traicion de buenas á primeras.

—Mr. Bumble que habia inspeccionado la casa con ojo inquieto iba sin duda á esponer alguna razon sobre el temor de pasar mas adelante, cuando le cerró el labio la presencia de Monks, que abrió una pequeña puerta cerca de la que se hallaban y les hizo señal de entrar.

—Despachad! —gritó con tono impaciente y dando una patada en el suelo, vais á hacerme esperar aquí una hora?

—La mujer que habia vacilado un momento, entró con resolucion sin hacerse mas de rogar; y Mr. Bumble que hubiera considerado mengua, ó tal vez pasar por miedoso quedándose al detrás siguió á su cara mitad, con paso indeciso que probaba no hallarse del todo á su gusto, habiendo perdido en un cuarto de hora este aplomo y esa dignidad que tanto le distinguían en cualquiera otra circunstancia.

—Qué diablo os movia á permanecer estáticos bajo la lluvia? —Dijo Monks —despues de haber cerrado trás él la puerta y pasado los cerrojos.

—Nos... nos... estabamos refrescando! —balbuceó Bumble echando una mirada inquieta á su alrededor.

—Os refrescabais! —replicó Monks —Jamás todas las lluvias que han caido desde la creacion del mundo (aun cuando añadais á ellas las que deban caer hasta la consumacion de los siglos,) jamás dijo serian capaces, de apagar un átomo del fuego que os consumirá en el infierno.

—Gastada esta broma —Monks se volvió bruscamente á la matrona y la miró fijamente, de modo que esta, apesar de no ser muy propensa á la timidez, se vió obligada á bajar los ojos.

—Es esta la mujer de quién me habeis hablado? —preguntó Monks.

—Hem! —hizo Mr. Bumble acordándose de las recomendaciones de su esposa. —Es la misma.