—El niño á quien esa jóven dió á luz, es el muchacho de que le hablasteis ayer —prosiguió la matrona volviendo la cabeza hácia su marido. —La madre de ese niño (la jóven en cuestion), fué robada por la vieja Sally su enfermera.

—Cuándo vivia? —preguntó Monks.

—No; despues de su muerte! —contestó la otra estremeciéndose involuntariamente. La jóven estaba todavia caliente cuando la enfermera desprendió de su cadáver lo que ésta, hasta su último momento, la habia suplicado guardára para el bien de su hijito.

—Sin duda lo habrá vendido! esclamó Monks fuera de sí —Lo ha vendido..? Dónde..? Cuándo..? A quién..? Hace mucho tiempo..?

Como apenas, podia articular la voz cuando me ha confiado lo que acabais de oir, ha muerto sin decirme nada mas.

—Sin deciros nada mas! esclamó Monks con tono furioso —Esto es mentira! No sufriré que me engañeis! Ella ha dicho mas! Os arrancaré á ambos la vida sino me decís lo que esto era!

—Os aseguro otra vez que no me ha dicho una sola palabra de mas —replicó esta con una sangre fria que Mr. Bumble estaba lejos de compartir; —pero con una mano crispada, me cojió por el vestido y me atrajo á su lado y cuando ví que estaba muerta, noté al desprender mi vestido de entre sus dedos que oprimia un pedazo de papel todo grasiento.

—Qué contenia? interrumpió Monks bruscamente.

—Nada —replicó la matrona —era un reconocimiento de empeño en el Monte-pio.

—¿Por qué objeto? preguntó Monks.