Oliverio Se estremeció al sonido de esta voz. En ello tenia escusa; estas palabras eran dictadas por la benevolencia, y ordinariamente los sonidos estraños nos espantan. Tembló de pies á cabeza y rompió en copioso llanto.
—Hijo mio! —prosignió el magistrado —estais pálido y pareceis espantado!
Decid; que teneis?
Oliverio cayó de rodillas, juntó sus manos y esolamó con tono suplioante:
—Volvedme a la prision, al aposento negro! Dejad que me muera de hambre... azotadme, matadme si quereis; pero por piedad, no me envieis con ese hombre espantoso!
—No esperaba menos! —dijo Mr, Bumble elevando los ojos y las manos con el aire mas mistico —Entre los espósitos falsos é hipócritas que conozco, tu Oliverio te llevas la palma.
—Callaos pertiguero! —esclamó el segundo magistrado despues que aquel hubo desembuchado este doble epíteto.
—Perdon señor magistrado. —dijo Mr. Bumble creyendo haber oido mal. —Acaso me habeis dlrijido la palabra?
—Si; Sin duda. Os he dicho que os calleis.
Mr. Bumble quedó estupefacto. Imponer silencio á un pertiguero! Que revolucion moral!!!!