—Mas valiera que socorrieseis á esta muchacha —dijo Sikes con tono impaciente, en vez de estaros allí plantado y mirándome como á un animal curioso!

Fagin se acercó al momento á Nancy soltando una esclamacion de sorpresa, mientras que Jaime Dawkins, por otro nombre el fino Camastron, que habia seguido á su venerable amigo, colocó sin demora en el suelo un bulto de que iba cargado, y tomando una botella de manos de maese Bates, que entró trás de él, la destapó en un decir Jesus con sus dientes, y derramó una parte del licor contenido en ella en el gaznate de la jóven; no sin haberla gustado antes por temor de equivocacion.

—Carlos, dadle un soplo de aire con el fuelle! dijo Dawkins, y vos Fagin pellizcadle en la mano, en tanto que Guillermo la afloja!

Estos socorros administrados á tiempo y con celo, sobre todo los que estaban confiados á Maese Bates, quien parecia tener un placer del todo particular, en desempeñar concienzudamente su deber, no tardaron mucho tiempo en producir el efecto que de ellos esperaban: Nancy recobró poco á poco los sentidos y dejándose caer en una silla situada á la cabecera de la cama, ocultó su rostro bajo la almohada, dejando enteramente el cuidado de presentar los recien venidos á Sikes, algo asombrado de su visita inesperada.

—Por qué motivo habeis venido? —preguntó á Fagin —Qué mal viento os he soplado aquí?

—Querido, no es un mal viento —respondió el judío —porque un mal viento jamás sopla nada bueno, sea para quien sea y yo os traigo algo de bueno, que os alegrará la vista. Camastron, amigo mio, deslia ese paquete y dá á Guillermo esas fiambres por las cuales hemos gastado esa mañana todo nuestro caudal.

A la invitacion de Fagin, el Camastron deslió el paquete, que formaba un volúmen algo grueso y que estaba envuelto en un viejo mantel; pasó los objetos que contenia uno por uno á Cárlos Bates, quien hacia el panejírico de cada uno de ellos al colocarlo sobre la mesa.

—Ah! ah! —hizo el judío frotándose las manos con ademan de satisfaccion —he aquí algo con que confortaros! Guillermo esto vá á restableceros!

—Todo esto es bello y bueno —dijo éste —pero yo necesito dinero esta misma noche.

—No llevo sobre mí una sola moneda —contestó el judío.