—Querido, poco importa quien ha dado el golpe ó quien tiene el dinero! replicó el judío fijando con todo sus ojos de alcon sobre la jóven y sobre los dos paquetes —Yo mismo soy de la partida y por eso os quiero mas.

—De qué partida queréis hablar? preguntó maese Claypole algo mas tranquilo.

—Del mismo ramo de comercio —contestó Fagin. Igualmente todas las personas de la casa. Habeis caido aquí como Marzo en cuaresma querido! No hay en Londres un sitio mas seguro que los tres cojos... sobre todo si os tomo bajo mi proteccion... Y como vos y esa jóven me inspirais interés, podeis tranquilizaros; os aseguro que nada hay que temer.

Noé Claypole hubiera debido tranquilizarse en efecto, despues de esta seguridad; pero si su espíritu estaba mas desahogado, no sucedia así con su cuerpo porque se torcia de mil maneras en su silla y tomó diferentes posiciones á cual mas estravagantes, mirando, entretanto á su nuevo amigo con aire á la vez desconfiado y temeroso.

—Os diré mas —continuó el judío despues de haber logrado tranquilizar á la jóven á fuerza de movimientos de cabeza y de protestas de amistad; tengo un buen amigo que podrá satisfacer el deseo que acabais de manifestar lanzándoos en el buen camino; con el bien entendido de dejaros libre para escojer de pronto el ramo que mejor os convenga, reservándose solo el cuidado de enseñaros los otros.

—Decís esto como si hablárais sériamente? —repuso Noé.

—No veo porque me burlaria —dijo el judío encojiéndose de hombros. —Venid conmigo á la puerta para que os diga una palabra á solas.

—No es necesario que nos desordenemos —dijo Noé alargando de nuevo sus piernas; podeis decirme esto mientras que ella va á llevar los paquetes arriba. Carlota! vé á procurar que esos paquetes se coloquen en el aposento donde debemos dormir.

Carlota se hizo un deber en obedecer y Noé abrió la puerta para facilitarla el paso y verla salir; despues de lo cual volvió á sentarse.

—He! ya veis como os la hago marchar! —dijo con el tono de un domador que hubiese amansado un animal feroz.