CON qué vuestro amigo erais vos mismo? —dijo maese Claypole al presente Bolter, cuando de resultas de sus convenios fué á habitar el dia siguiente en casa el judío; —ayer cuasi lo hubiera dudado.
—Todo hombre para sí mismo es su propio amigo —contestó el judío con una sonrisa significativa —en ninguna parte puede encontrar otro mejor.
—Escepto con todo algunas veces —dijo Mauricio Bolter —dándose humos de un hombre de mundo. Ya sabeis que hay personas, que son sus propios enemigos.
—No lo creais —replicó el judío —Cuando un hombre es su propio enemigo, lo es únicamente porque cuida mas de los intereses de los otros que del suyo propio... Ba!.. Esto es bestialidad!.. y además nada natural.
—Esto es aun verdad! dijo Mr. Bolter, con aire pensativo —oh! sois un viejo maligno!
Mr. Fagin vió con cierto placer la impresion que habia producido sobre maese Bolter. Para aumentar su efecto, le instruia del estado de sus negocios y de sus operaciones de comercio mezclando tan bien la ficcion con la verdad, que el respeto y el temor que habia inspirado á ese digno mozalvete aumentaron visiblemente.
—La confianza mútua, que nos tenemos unos á otros es la que me consuela y me indemniza de las pérdidas dolorosas que sufrió algunas veces —prosiguió Fagin. Mi mejor dependiente mi brazo derecho me fué arrebatado ayer mañana.
—Sin duda quereis decir que ha muerto?
—No; no tan mal como esto... seguramente no tan mal.
—Qué ha podido pues acontecerle?