Con esto maese Bates dando libre curso á su dolor, se dejó caer en una silla y permaneció silencioso por algunos momentos.
—Y qué entiendes tu por ello, cuando dices que nos deja sin honor y sin gloria? preguntó Fagin con tono irritado —¿Acaso no ha sido el primero entre todos vosotros? hay, digo, uno solo que sea digno de limpiar sus botas hé?
—No ciertamente! —respondió Bates con voz lastimera —no conozco ninguno que pueda vanagloriarse de ello.
—Y bien? entonces á qué viene esa cantinela? —dijo el judío con acritud —¿de qué sirven esas jeremiadas?
—Por qué los periódicos no hablan de ello palabra, como vos mismo sabeis bien! —esclamó Cárlos irritándose á despecho de su venerable amigo. —Porque el asunto no tendrá publicidad y nadie sabrá jamás lo que él era. ¿Cómo figurará en el calendario de Newgate? Pueda que ni siquiera su nombre sea inscrito en él. Ah! Dios mio! Dios mio! que desgracia! Esto es desgarrador!
—Ah! ah! —hizo el judío estendiendo la mano y volviéndose hácia el señor Bolter —Ya veis querido mio, que orgullosos están de su profesion! No es esto edificante?
—No carecerá de nada —repuso —Estará en su celda como un señor, Cárlos... como un jóven príncipe. Tendrá todo lo que apetezca... todo. Quiero que como de costumbre tenga su cerveza en todas sus comidas y dinero en su bolsillo para jugarlo á cara ó cruz sino puede gastarlo.
—Si? esclamó Bates.
—Sin duda. Y le encontrarémos un defensor, Cárlos! Escojerémos aquel que pase por tener el mejor pico. Tomará su partido con calor en un discurso soberbio que conmoverá al auditorio. Nuestro jóven amigo hablará tambien á su vez, si lo juzga conveniente y nosotros verémos esto en los periódicos: —El fino Camastron... (esplosiones de risa en el público). Mas abajo... (agitacion en el banco de los Señores jurados). Y algunas líneas despues... (hilaridad general). Hé Carlino?
—Ah! ah! —esclamó maese Bates riendo —á puesto mi gaznate que Fagin los corta á todos en pedazos menudos! Como va á retorcéroslos el Camastron! Con el no los veo blancos!