—Todos ellos no saben lo que es filosofía, ni economía política. —añadió el pertiguero haciendo castañear sus dedos en señal de desprecio.

—Sin duda. —repuso el otro.

—Yo los desprecio! —prosiguió el pertiguero con el rostro encendido por el coraje.

—Y yo lo mismo! —añadió Sowerberry.

—Quisiera ver á uno de esos jurados tan presuntuosos solo por quince dias en nuestro establecimiento; el régimen y los estatutos de la Administracion domarian pronto su espíritu de independencia.

—Es preciso dejarlos por lo que son Señor Bumble. —dijo Sowerberry sonriéndose con aire de aprobacion para calmar el enojo creciente del funcionario indignado.

—Mr. Bumble quítándose el sombrero sacó de él su pañuelo, enjugó su frente que la irritacion habia inundado de sudor, colocó de nuevo sobre su cabeza el tricornio, y volviéndose á Mr. Sowerberry dijo con tono mas calmado:

—Y bien, que querias decirme respecto á ese muchacho?

—Nada Señor Bumble. Ya sabeis que pago una fuerte contribucion por causa de los pobres.

—Hem! —hizo el pertiguero —¿y que?