—Alúmbrale Nancy —dijo Sikes rellenando su pipa —seria una lastima que se rompiera el bautismo; privaria á los espectadores del placer de verle colgar.

Nancy tomó la vela y acompañó al viejo hasta el pié de la escalera. Cuando estuvieron en la entrada el judío, poniendo el dedo sobre sus lábios dijo muy bajo al oido de la jóven.

—Qué sucede Nancy?

—Qué quereis decir? contestó ésta en el mismo tono.

—Cuál es la causa de todo esto? —preguntó Fagin —Si ese bruto se porta indignamente contigo —añadió señalando con el dedo el piso superior —por qué no?

—Qué? —dijo ésta viendo que Fagin no concluia su frase y la miraba con suma atencion.

—No importa! Volverémos á hablar de esto otra vez. Nancy tienes en mi un amigo, un verdadero amigo. Poseo los medios para hacer muchas cosas! Cuando querrás vengarte del que te trata como un perro, que digo como un perro! peor que un perro; porque acaricia alguna vez el suyo, ven á encontrarme, entiendes Nancy? Ese no es mas que un pájaro de paso; mientras que á mi Nancy á mi me conoces desde largo tiempo... desde muy largo tiempo.

—Os conozco bien! dijo la jóven sin manifestar la menor emocion —Buenas noches!

Dirijiéndose á su habitacion, Fagin dió libre curso á los pensamientos que ocupaban su alma. Desde algun tiempo habia concebido la idea de que Nancy cansada de la brutalidad del bandido, amaba á otro. El objeto de este nuevo amor no era ninguno de sus imberbes pupilos. —Seria una buena adquisicion tal monigote de Nancy —pensaba Fagin —Es preciso pues asegurarse los dos cuanto antes.

—Con un poco de persuasion —continuaba pensando Fagin —que motivo mas poderoso podria determinar á esa jóven á envenenar á Sikes? Otras lo han hecho antes que ella... y aun peor, por sus amantes...