A la mañana siguiente se levantó muy temprano y esperó con impaciencia la llegada de su nuevo compañero, quien despues de cierto lapso de tiempo, se presentó al cabo y empezó por atacar furiosamente los comestibles.
—Bolter! —dijo el judío tomando una silla y sentándose frente á Noé.
—Aquí estoy! ¿qué me queréis? —contestó este —No me deis nada que hacer antes que no haya concluido mi desayuno; como es la mala costumbre en esta casa; jamás queda en ella tiempo para comer!
—Podeis hablar comiendo, no es cierto?
—Oh! Sin duda! nunca como mejor que cuando hablo —continuó Noé cortando una enorme rebanada de pan —Dónde está Carlota?
—Ha salido. La he mandado á una comision fuera de casa con la otra jóven porque necesitaba estar solo con vos.
—Hubierais debido encargarla que antes me hiciera tostadas de pan con manteca! Y bien! hablad, hablad siempre, no me interrumpiréis.
No habia cuidado de que se le interrumpiera fuese por lo que fuese, porque se habia sentado á la mesa con la firme intencion de trabajar á destajo y lo hacia en efecto de tan buen ánimo, que las migas le saltaban por sobre la cabeza.
—Ayer trabajasteis lindamente camarada! dijo el judío —seis chelines, nueve peniques y medio... diantre! Querido! La caza menuda hará vuestra fortuna.
No olvideis añadir tres botes de cerveza y un jarro para leche.