Aquella noche, la mañana siguiente y el dia despues, el espía calzado y vestido con su traje de carretero, estuvo preparado para salir á una señal de Fagin. Seis noches pasaron de este modo; seis noches mortales en cada una de las cuales el judío regresó mohino, dando á comprender en pocas palabras que todavía no era ocasion. La noche del dia séptimo, volvió mas pronto que los dias precedentes y brillaba en su rostro un rayo de satisfaccion. —Pronto; partamos, es tiempo ya!
Noé se levantó sin pronunciar palabra; porque la alegria estrema que esperimentaba el judío se habia comunicado á él. Salieron de escondite y habiendo atravesado un laberinto de calles, llegaron al fin á una taberna.
Eran las once y cuarto y la puerta estaba cerrada. Ella volvió cautelosamente sobre sus goznes, á un ligero silvido que dió el judío.
Osando apenas cuchichear, pero sustituyendo los gestos á las palabras. Fagin y el jóven judío que les habia abierto la puerta señalaron á Noé el agujero con vidrio y le indicaron que subiera para ver la persona que estaba en la sala vecina.
—Es esta la mujer de que se trata? —preguntó en voz baja.
El judío hizo un movimiento de cabeza afirmativo.
El espía cambió una mirada con Fagin y partió como una flecha.
CAPÍTULO XLIV.
NANCY ES EXACTA Á LA CITA.
EL reló de muchas iglesias daba las once y tres cuartos, cuando aparecieron dos personas á la entrada del puente de Londres. La primera, que era una mujer se adelantaba con paso vivo y ligero mirando con avidez á su alrededor como si buscara á alguno; el otro que era un hombre, seguia á alguna distancia en la sombra y arreglaba su paso al de la mujer, parándose cuando ella se paraba y deslizándose de nuevo al escondite á lo largo del parapeto cuando ella volvia atrás.