—Jamás!

—Me diréis por qué?

—Por una buena razon. Por una sola razon que la señorita sabe y de consiguiente estoy segura que la pondrá de mi lado puesto que me ha dado su palabra; además por lo mismo que si su conducta es mala, la mia no está exenta tampoco de reproches.

—Entonces —repuso el caballero como si hubiese logrado el objeto que se proponia —entregadme á Monks y dejadle se arregle conmigo.

—Y si llega á denunciar á los otros? —preguntó Nancy.

—Os prometo que en el caso que podamos obtener de él la verdad arrancándole su secreto, no se tratará de esto. Puede haber en la historia del niño Oliverio particularidades que seria penoso someter á la vista del público; y con tal (como os he dicho) que conozcamos la verdad, que es todo lo que pedimos, vuestros amigos no correrán ningun peligro.

—Y si no quiere confesar la verdad?

—Entonces, el judío no será llevado ante la justicia que vos no lo consintais.

—La señorita, se compromete en este punto con su palabra?

—Os la doy —contestó Rosa —Podeis contar con ella.