—Creo conocerle —dijo el caballero —lo reconoceria al menos despues de las señas que acabais de darnos... Verémos...
Dicho esto con aire de indiferencia, se volvió del lado del espía y murmuró entre dientes: —No puede ser otro que él!
—Luego —repuso dirijiéndose á Nancy —Señorita acabais de prestarnos un gran servicio y os doy las gracias —¿Qué puedo hacer por vos?
—Nada —contestó Nancy.
—No persistais en rehusar... veamos reflecsionad un poco —continuó el caballero con acento tan dulce y bondadoso que hubiera podido conmover un corazon mas duro y mas insensible.
—No; nada caballero... Os lo aseguro... replicó la jóven —derramando lágrimas. —Nada podeis para cambiar mi suerte.
—Va á dejarse persuadir —esclamó Rosa —va á rendirse, estoy segura de ello... titubea...
—Creo que no, mi querida señorita! —dijo el caballero.
—No; señor! —continuó Nancy despues de un momento de reflecsion —estoy encadenada á mi primera existencia; tengo horror á ella, es verdad; pero no puedo dejarla... Adios! tal vez he sido seguida y espiada. Partid, partid los primeros! Si creeis que os he prestado algun servicio todo lo que pido en recompensa es que me abandoneis al instante mismo y me dejeis volver sola.
—Es inútil insistir mas! —dijo suspirando el caballero —pueda que permaneciendo aquí comprometemos su seguridad.