—Ha dicho, que no podia salir con facilidad á menos que el no supiera donde iba y que la primera vez que fué á encontrar á aquella señorita (ah! ah! ah! no he podido menos de reirme cuando ha dicho esto) le habia puesto laudano, en la pocion que le hizo beber antes de salir.
—Condenacion!!! —gritó Sikes haciendo soltar la presa al judío —Dejadme!..
Arrojando al viejo lejos de él, se abalanzó fuera del aposento y se precipitó por la escalera como un furioso.
—Guillermo! Guillermo! —esclamó el judío corriendo tras él —una palabra! una sola palabra!
Esta palabra no hubiera llegado al oido del bandido si éste que no podia abrir la puerta á pesar de los horribles juramentos que proferia, no hubiese dado tiempo al judío para llegar sofocado.
—Abridme esta puerta —dijo Sikes —no me tengais aquí plantado una hora con vuestra habladuria; no estoy de humor para oiros! Dejad que salga sin dirijir la palabra... será lo mejor, os lo aseguro!..
—Un momento, un solo momento! —dijo el judío poniendo la mano en el cerrojo —No seais demasiado...
—Demasiado qué?
—No seais demasiado... demasiado... violento Guillermo! —continuó el judío con tono melífluo.
El dia empezaba á clarear lo bastante para que cada uno de ellos pudiera leer en el rostro del otro lo que pasaba en su alma. Cambiaron una mirada, sus ojos centelleaban. No podia caber engaño sobre la naturaleza de los sentimientos de entrambos.