—Sí; esto es Guillermo!.. —dijo Fagin al ver que todo fingimiento era ya inútil: —Queria decir, no seais demasiado violento (al menos por vuestra propia seguridad). No vayais á comprometeros, sobre todo sed prudente.

Dicho esto el judío dió la vuelta á la llave en el cerrojo, y Sikes por toda respuesta abrió la puerta de par en par, y partió como un rayo.

Sin dar tiempo á la reflecsion; sin volver la cabeza de ningun lado, sin lanzar una mirada á la derecha ó la izquierda; pero con los ojos fijos ante él, marchaba á grandes pasos, con los dientes apretados de tal modo que su quijada inferior parecia hundirse dentro la piel. Lleno de pensamientos feroces y llevando un proyecto horrible en la imaginacion andaba con la cabeza baja; y sin haber pronunciado una sola palabra ni removido un solo músculo de su rostro, se encontró frente su casa. Entró sin hacer ruido, subió cautelosamente la escalera, abrió la puerta de su aposento con la misma precaucion, la cerró á doble vuelta, y habiendo colocado una mesa detrás de ella, se acercó á la cama y apartó la cortina.

Nancy que estaba acostada medio vestida, se dispertó sobresaltada.

—Eres tu, Guillermo? —dijo con acento de satisfaccion por verle de regreso.

—Sí; soy yo. —respondió el bandido —levántate!

Habia una vela que ardia esperando á Sikes, éste la arrancó del candelera y la arrojó á la chimenea. La jóven viendo que clareaba ya algo el dia se levantó para apartar las cortinas de la ventana.

—No es necesario —dijo Sikes poniendo el brazo ante ella para impedírselo —veré lo bastante para lo que tengo que hacer.

—Guillermo!.. —esclamó Nancy con voz ahogada por el miedo —Por qué me miras así?..

El ojo estraviado, la respiracion corta y las ventanas de la nariz hinchadas, el bandido la contempló un momento en silencio, luego agarrándola por la cabeza y por el cuello, la arrastró al medio del aposento y le puso la mano sobre la boca despues de haber lanzado una mirada hácia la puerta.