—Guillermo!.. Guillermo!.. —gritó la jóven debatiéndose, con una fuerza que solo puede dar el temor de la muerte —no haré ruido... no gritaré... te lo prometo!.. Escúchame!.. háblame!.. díme lo que te he hecho!

—Ah! infame! sabes tú bien lo que has hecho!.. —repuso Sikes con risa infernal —lo sabes muy bien!.. Te han espiado esta noche... Todas tus palabras han sido oidas!

—Consérvame la vida como he conservado yo la tuya; te lo suplico Guillermo!.. En nombre del cielo perdona mi vida!.. —esclamó Nancy aferrándose á él —Guillermo!.. Querido Guillermo!.. no tendrás corazon para matarme! Ah! piensa en todo lo que he rehusado esta noche por tí!... Reflecsiona un momento y evítate este crímen! No te dejaré; Guillermo!.. no podrás hacer que te suelte... Por el amor de Dios reflecsiona antes de derramar mi sangre... Soy yo quien te lo ruego! yo que tanto te amo!.. Guillermo! siempre te he sido fiel!.. Tan verdad como soy una criatura indigna, te he sido fiel!

El bandido forcejó violentamente para desasirse de ella, pero los brazos de la jóven estaban entrelazados con los suyos de modo que no pudo lograrlo.

—Guillermo —dijo Nancy procurando poner su cabeza sobre el pecho del bandido —aquel anciano caballero y aquella buena señorita me han ofrecido esta noche un asilo, en cualquiera pais estranjero, donde pudiese acabar mis dias en paz; déjame verlos aun otra vez, les pediré de rodillas que te otorguen el mismo favor y si consienten como no lo dudo, dejarémos este lugar horrible, irémos cada uno por su lado á vivir en el retiro, ó procurarémos olvidar la vida espantosa que hemos llevado juntos, sin vernos ya jamás. Nunca es tarde para el arrepentimiento, ellos me lo han dicho, y ahora comprendo que tienen razon... pero es necesario el tiempo... Es necesario tener tiempo Guillermo... un poco de tiempo!..

Sikes habiendo logrado desembarazar un brazo cojió su pistola. La idea de que seria descubierto y arrestado al momento si hacia estrépito se presenta como un relámpago á su alma aun en medio de su furor, y entonces descargó dos ó tres golpes con su culata sobre la frente de la jóven suplicante.

Esta de pronto vaciló y cayó en seguida cuasi cegada por la sangre que manaba de un agujero enorme que le habia hecho en la cabeza; pero volviéndose á levantar sobre sus rodillas si bien con gran dificultad, sacó de su seno un pañuelo blanco (el de Rosa Maylie) y elevándolo entre sus dos manos juntas, tan alto como sus fuerzas le permitieron, murmuró una corta plegaria para implorar la piedad del Señor... Era un espectáculo horroroso. El asesino espantado retrocedió hasta la pared, poniendo la mano ante sus ojos; luego apoderándose de un enorme garrote, descargó un golpe tremendo sobre el cráneo de la jóven y la tendió muerta á sus piés.

Sikes apoderándose de un enorme garrote, descargo un golpe sobre el cráneo de la jóven, y la tendió muerta á sus piés.

CAPÍTULO XLVI.