MONKS Y MR. BROWNLOW SE ENCUENTRAN AL FIN. —ENTREVISTA QUE TUVIERON JUNTOS, Y DE QUE MODO FUÉ INTERRUMPIDA.
EL dia empezaba á declinar, cuando Mr. Brownlow bajando de un coche de alquiler, llamó á la puerta de su casa. Apenas abrieron, un robusto mozo bajó á su vez y se puso de centinela á un lado del estribo, mientras que otro del mismo calibre saltó ligero del pescante en que se habia colocado al lado del cochero, y se situó frente por frente del primero. A una señal de Mr. Brownlow hicieron salir del fiacre á un tercer individuo que introdujeron en la casa: este individuo no era otro que Monks.
Los tres andaron sin decir palabra, y siguieron á Mr. Brownlow hasta una salita á la puerta de la cual Monks, que habia subido con marcada repugnancia, se paró en seco; y los dos hombres miraron á Mr. Brownlow como para preguntarle lo que debian hacer.
—Sabe la alternativa. —dijo Mr. Brownlow —Si se resiste ó intenta huir llevadlo á fuera y hacedle prender en nombre mio.
—Y con qué derecho obrais de este modo conmigo? —preguntó Monks.
—Jóven; ¿por qué me obligais á ello? —contestó Mr. Brownlow mirándole fijamente —Seriais bastante loco para escaparos? Soltadle!.. —prosiguió dirijiéndose á los dos hombres —Ahora jóven, sois libre de ir á donde querais, y nosotros de seguiros; pero os juro, por lo que hay de mas sagrado que al momento que pongais el pié en la calle os hago prender como falsario y ladron. Mi resolucion es irrevocable!..
Monks murmuró algunas palabras inteligibles, y manifestó irresolucion.
—Os intimo que os decidais al instante! —añadió Mr. Brownlow —Una sola palabra de mi boca, y la alternativa queda perdida para siempre!
Monks titubeó aun.
—Qué decidís?