—No queda otra alternativa?..

—No.

Monks miró al anciano caballero con inquietud; pero no viendo en su fisonomia mas que el sello de la severidad y de la resolucion, dió algunos pasos en la sala encojiéndose de hombros y acabó por sentarse.

—Cerrad la puerta por la parte de afuera —dijo Mr. Brownlow á los dos hombres.

Estos obedecieron y Mr. Brownlow quedó solo con Monks.

—A la verdad caballero, que este es un hermoso proceder por parte de un amigo antiguo de mi padre! —dijo Monks.

Justamente porque era el amigo íntimo de vuestro padre, —repuso Mr. Brownlow —porque la esperanza de mis años juveniles me unia á él puesto que su hermana muerta el dia mismo que debia casarme con ella, me ha dejado solo en la tierra; porque aun niño, se arrodilló conmigo cerca del lecho de muerte de aquel ángel de dulzura y de bondad á quien á Dios plugo arrebatar de este mundo en la flor de su edad; porque despues de aquel momento consagra á vuestro padre una amistad que ni sus tristezas ni sus desgracias pudieron entibiar jamás, y que duró hasta su muerte; porque estos recuerdos del pasado, llevan mi corazon; es por lo que estoy dispuesto á trataros con miramiento.

—Y que tiene mi nombre de comun con lo que vais á decirme?

—Nada respecto á vos, jóven —nada sin duda; pero mucho respecto á mi, y estoy muy contento que hayais tomado otro.

—Todo esto es bello y bueno —dijo Monks con ademan descarado —todo esto es muy hermoso, pero donde quereis ir á parar?