—Es verdad que lo he ignorado largo tiempo —repuso Monsieur Brownlow levantándose á su vez —pero lo sé todo desde hace quince dias. Teneis un hermano, no lo ignorais, y lo que es mas, le conoceis. Existia un testamento que vuestra madre destruyó. Vos mismo estabais en el secreto y debiais aprovecharos de él despues de su muerte. Este testamento estaba otorgado en favor del niño que probablemente debia nacer de aquella union culpable; ese niño nació, y su semejanza notable con su padre hizo que lo reconocierais cuando la casualidad, lo puso ante vos. Os dirijisteis al lugar de su nacimiento; hicisteis destruir ó mas bien destruisteis vos mismo las pruebas, que podian justificar, de que padres era hijo. Puedo á mas, en caso necesario recordaros vuestras propias palabras —Ya veis, las únicas cosas que hubieran podido servir para probar la identidad de ese niño, están en el fondo del rio; y la vieja Sibila que las recibió de la madre, hace largo tiempo que ha muerto y sus huesos están podridos dentro de su ataud. —Hijo indigno!.. vil!.. falso!.. Vos que os rozais con ladrones y asesinos, y teneis entrevistas con ellos en medio de la noche y en lugares inmundos; vos cuyas tramas y complots, han causado la muerte de tantas personas de vuestra condicion; vos que desde vuestra infancia habeis sido arma de dolor para vuestro desdichado padre, y cuyos escesos en todo género de vicios llevais estampados en vuestro rostro; que con justa razon puede mirarse como el espejo de vuestra alma; vos Eduardo Leeford, me desafiais aun?

—No, no!.. —esclamó Monks aterrado por estas palabras.

—Cada espresion pronunciada entre vos y Fagin (el judío) me es conocida —dijo Mr. Brownlow —Las sombras que vos mismo habeis visto en la pared han retenido vuestros cuchicheos y me los han transmitido. La vista del niño perseguido ha cambiado el vicio en valor y diré mas en virtud. Un asesinato acaba de ser cometido; de este asesinato vos sois autor moral sino realmente...

—No, no! —gritó Monks —Soy inocente de él, os lo juro! Entraba allí para informarme de ello cuando me habeis preso. No conozco su causa; yo la atribuia á otra cosa.

—Esta causa es la revelacion de una parte de vuestros secretos —dijo Mr. Brownlow —Queréis revelar la restante?..

—Sí; sí!..

—Confesar la verdad ante testigos?

—Tambien lo prometo.

—Estaros quieto hasta que yo haya adquirido otras noticias para venir conmigo al sitio que sea necesario.

—Si insisteis sobre este punto consiento tambien —replicó Monks.