OLIVERIO ADQUIERE RELACIONES CON NUEVOS PERSONAGES.
OLIVERIO solo y entregado á si mismo en la tienda del empresario de entierros, colocó su lámpara sobre el banco de obra y poseído del miedo arrojó una mirada timída en torno suyo. Un ataud recien acabado y puesto en medio de la tienda sobre dos caballetes negros se parecía tanto á la imágen de la muerte que el pobre jóven sentia recorrer por todos sus miembros un frio glacial acompañado de un temblor convulsivo, cada vez que su vista se fijaba involuntariamente sobre este horrible objeto esperando á cada momento ver un espectro espantoso levantar de el su cabeza repugnante hasta volverle loco de terror.
A la mañana siguiente le despertó un ruido redoblado de punta piés dados á la parte exterior de la puerta de la tienda. Estos se renovaron por cerca veinte y cinco ó treinta veces mientras se vestía á tientas; pero cuando empezaba á descorrer los cerrojos los piés cesaron de golpear oyendose una voz.
—Abrirás esta puerta? —dijo la voz perteneciente á los piés que habian golpeado.
—Al instante señor. —respondió Oliverio descorriendo los cerrojos y volviendo la llave.
—Sin duda serás el aprendiz que se esperaba? —repuso la voz á travez del agujero de la cerradura.
—Si señor. —replicó Oliverio.
—Que edad tienes?
—Diez años señor.
—Siendo así voy á estrangularte en cuanto entre. —prosiguió la voz —Ya lo verás aborto de la inclusa!