Cárlos retrocedió tres pasos y puso la mano al pestillo de la puerta como en ademan de salir.

—Carloto! acaso no me reconoces?..

—No os acerqueis á mi monstruo!.. —esclamó Cárlos mirando al asesino con una expresion de terror y espanto.

Sikes se detuvo; sus ojos se encontraron; pero al momento bajó los suyos.

—Notad bien los tres lo que os digo —esclamó Cárlos cerrando los puños é irritándose mas y mas á medida que hablaba —Yo no le temo!.. Si vienen á buscarle aquí; yo mismo le entregaré!.. Os juro que lo haré como lo digo! Puede matarme si quiere ó si se atreve; pero os declaro que lo entregaré á la policía si estoy aquí cuando vengan para prenderle... Aunque tenga que ser quemado vivo lo entregaré!.. Asesino!.. Socorro... favor!.. Al asesino!..

Esto diciendo se abalanzó sobre Sikes que aturdido por sus gritos, y sorprendido de encontrar tanta energía y valor en un niño, se dejó derribar por él antes de tener tiempo de prepararse para la defensa.

La lucha con todo era demasiado desigual para poder prolongarse por mas tiempo. Ya Sikes recobrada la ventaja, oprimia con la rodilla el pecho del niño, cuando Crachit levantándose precipitadamente de su sitio, se precipitó sobre él y tirándole por el brazo le señaló con el dedo la ventana.

Habia una multitud de gente á la puerta de la calle; se hablaba en voz alta; el ruido de los pasos y el de las voces llegaron hasta ellos y los llenaron de espanto. Se daban á la puerta recios y redoblados golpes como para tenderla.

—Socorro!.. Al asesino!.. —gritaba Cárlos.

—En nombre de la ley abrid!.. —clamaban á sus vez las personas de afuera.