—Hundid la puerta!.. —repetia Cárlos. —No os abrirán —Venid en derechura al aposento en que veis luz... aquí está el asesino.
—Las puertas y los cerrojos empezaban á ceder á los esfuerzos de los acometidores, y los gritos de alegría de la multitud dieron á Sikes una idea justa del peligro que corria.
—No teneis un sitio dónde pueda encerrar á este infernal vocinglero?.. preguntó, buscando por el aposento.
Habiendo encontrado la puerta de un pequeño gabinete, la abrió y encerró dentro al niño.
—Ahora —dijo —la puerta de abajo está bien cerrada?
—Con llave y cerrojos —contestó Tobias.
—Los tableros son sólidos?..
—Forrados de hierro.
—Y los postigos?..
—Los postigos tambien.