—Que mil truenos te confunda!.. esclamó el asesino abriendo la ventana y desafiando á la muchedumbre.

—A tal desafio el populacho desenfrenado prorumpió en chiflas; los unos gritaban á los que estaban mas cerca que pusieran fuego á la casa, los otros instaban á los agentes de policía para que tiráran sobre él; pero entre los mas encarnizados estaba un caballero á caballo, que habiendo logrado abrirse paso entre la multitud, gritaba bajo las ventanas de la casa «Veinte guineas al que traiga una escala.»

—Van á invadir el edificio!.. —esclamó el asesino mirando por la ventana —Dadme una cuerda! una cuerda larga con cuya ayuda pueda deslizarme en el foso y luego poner piés en polvorosa.

—Tobias le señaló con el dedo donde se encontraban esos objetos, y el asesino habiendo escogido entre muchas cuerdas la mas larga y la mas récia, subió precipitadamente al desvan.

Todas las ventanas que caian al detrás de la casa, y tenian de consiguiente vista al foso habian sido aparedadas desde largo tiempo, escepto sin embargo una pequeña abertura, situada en el cuartito en que estaba encerrado Cárlos y la que era tan estrecha que no podia pasar por ella la cabeza. Desde esta abertura no cesaba de gritar á la gente de fuera que se dirijiera á este punto; de modo que cuando el asesino se presentó al borde del techo para mirar á sus piés, una muchedumbre de voces dieron aviso á los que estaban á la parte de delante de la casa y estos se dirijieron en masa, hacia el foso.

Despues de haber atrancado la puerta del desvan con un trozo de madera que habia tomado al efecto, salió por la lumbrera, y trepó sobré el tejado.

Miró aun otra vez bajo de él; el foso estaba seco.

—Cincuenta libras esterlinas al que lo coja vivo!.. —esclamó un caballero anciano cerca de allí. —Cincuenta libras al que lo coja vivo!.. Permaneceré aquí hasta que venga á buscarlas.

Reuniendo todas sus fuerzas y toda su energía á la vista del peligro, y estimulado por el ruido, que se hacia en el interior de la casa cuya puerta al fin habia sido derribada, pasó un cabo de su cuerda al rededor del cañon de una chimenea, y lo ató sólidamente en él; luego con la ayuda de sus manos, hizo en un santiamen, un nudo corredizo con el otro cabo. De este modo podia por medio de la cuerda, dejarse caer hasta algunos palmos del suelo y cortar en seguida la cuerda con el cuchillo que tenia abierto en su mano.

En el instante que tenia el nudo corredizo sobre su cabeza para pasarlo bajo su brazo, y cuando el viejo caballero en cuestion —el mismo que habia prometido cincuenta libras esterlinas al que prendiera el asesino, advertia á los que tenia al lado de los designios de éste —Sikes miró tras sí y cubriéndose el rostro con sus dos manos lanzó un grito de terror!