—Oyes espósito? —dijo Noé Claypole.
—Noé, sois muy terco. —repuso Carlota —Vaya! Dejareis tranquilo á ese niño?
—Que lo deje tranquilo? Pues ya escampa! No hay peligro de que su padre ni su madre vengan á limpiarle los mocos... Todos sus parientes le han dado carta blanca para gobernarse á su modo... he! he! he!
—Sois un truhan! —replicó Carlota soltando una carcajada imitada por Noé y ambos á dos arrojaron una mirada de desden al pobre Oliverio que sentado sobre un cofre en el rincon mas frio de la cocina comia titiritando los mendrugos de pan que se habian señalado especialmente para él.
Noé era un niño de la escuela de la caridad; pero no un espósito de la casa de caridad. Tampoco era el niño del acaso; porque podia trazar su genealogía subiendo hasta sus padres que vivían cerca de aquel sitio. Su madre era lavandera ysu padre un soldado veterano, viejo, borracho, con una pierna de palo y una pension diaria de cinco sueldos seis dineros. Los aprendices de las tiendas de la vecindad habian tenido por largo tiempo la costumbre de insultar á Noé en medio de la calle motejándole de lo lindo y él lo había sufrido con la mayor paciencia del mundo; pero ahora que la fortuna habia arrojado en su camino á un pobre huérfano sin nombre á quien el ser mas abyecto podia señalar con el dedo é insultar impunemente; le hizo expiar con usura las faltas de que los otros se habian hecho culpables para con él.
Un ataud á medio hacer estaba colocado en el centro de la tienda.
CAPÍTULO VI.
OLIVEIRO PUESTO FUERA DE QUICIO POR LAS BURLAS AMARGAS DE NOÉ SB ENFURECE Y SORPRENDE Á ESTE POR SU AUDACIA.
TRASCUBRIDO el mes de prueba se firmó el acta de aprendizaje con todos los requisitos convenientes. Cabalmente habia llegado una estacion favorable á las defunciones y para servirme de una espresion comercial la venta de ataudes estaba á la alza; de modo que en poco tiempo Oliverio adquirió muchos conocimientos en el arte. El éxito de la industria ingeniosa de Mr. Sowerberry traspasaba los límites de sus pretenciones. Desde tiempo inmemorial no se habia visto al serampion ejercer con tanta violencia sus estragos funestos sobre los muchachos. Así es, que se velan montones de cortejos mortuorios llevando á su frente al pequeño Oliverio, cubierto con un sombrero adorado con un largo crespon que le llegaba hasta los jarretes, todo con grande estupefaccion de las madres con movidos por la novedad del espectáculo.