—Qué molino? —preguntó Oliverio.

—Que molino! que molino! Por vida de... el molino que rueda cien veces mas rápido cuando son bajas las aguas, es decir cuando la bolsa está en seco, que cuando están altas porque en este último caso siempre hay menos obreros... Esto se comprende perfectamente sin romperse los cascos. Ven conmigo; no tienes nada que meter bajo el diente y es necesario que rumies. No hay gran cosa en la faltriquera solo un rond y un Jaime pero no le hace ello vendrá. —Vamos en movimiento las canillas!

El jóven, ayudó á Oliverio á levantarse y lo condujo hácia una revenderia donde compró un poco de jamon y un pan de dos libras; hizo en este un agujero é introdujo por él el jamon para preservarlo del polvo; luego metiéndolo bajo el zobaco se dirijió hácia una taberna de sucia apariencia y entró en una sala trasera. Allí; puesta sobre la mesa una botella de cerveza de órden del misterioso jóven, Oliverio á una señal de este emprendió un espléndido almuerzo durante el cual el estraño muchacho le observaba por intervalos con la mayor atencion.

—Vas á Londres? —dijo el jóven cuando Oliverio hubo concluido.

—Si.

—Tienes posada?

—No.

—Y dinero?

—Tampoco.

—El jóven se puso á silvar metiéndose las manos en las faltriqueras todo lo que le permitieron las mangas de su casacon.