—Vivís vos en Londres? —preguntó Oliverio.
—Si; cuando estoy en mi casa! —respondió el otro —Supongo que no sabrás donde acostarte esta noche he?
—Es cierto. —repuso Oliverio. —No he dormido bajo tejado desde que abandoné mi pais.
—No te inundes de mocos por ello! Haces mal en atormentarte de este modo las pestañas. —replicó el jóven mozalvete. —Yo tambien tengo que estar en Londres esa noche y allí conozco un anciano respetable que te dará alojamiento de valde, entendámonos siendo presentado por alguno de sus amigos... Por que de lo contrario! ya escampa! No es lerdo el tal vejete!
Esto diciendo el jovenzuelo sonrió para dar á entender que la última parte de su soliloquio era puramente irónico y vació incontinenti su vaso.
Este ofrecimiento inesperado de un alojamiento era demasiado seductor para ser rehusado, sobre todo cuando fué seguido inmediatamente por la seguridad de que una vez conocido del anciano caballero, este no dejaria pasar mucho tiempo sin proporcionar á Oliverio alguna colocacion bastante ventajosa. Esto llevó á una conversacion mas confidencial en la que Oliverio descubrió que su amigo que se llamaba Jaime Dawkins era el amigo íntimo y el protegido del viejo señor en cuestion.
El exterior de Mr. Jaime no hablaba mucho que digamos en favor de las ventajas que su patronato obtenia pava aquellos que tomaba bajo su proteccion; pero como tenia un modo de espresarse pronto y obscuro á la vez y como confesó además que entre sus camaradas era mas bien conocido bajo el apodo de fino camastrón, Oliverio concluyó de ahí que su compañero siendo tal vez insustancial y ligero la moral del viejo señor no babia fructificado en él. Con tai pensamiento resolvió por su parte aprovecharse de ella lo mas pronto posible y si encontraba al Camastrón incorregible como tenia motivos para creerlo, renunciaria al honor de ser su camarada.
Como Jaime Dawkins habia declarado no querer entrar en Londres hasta la noche, eran cerca las once cuando llegaron á la barrera de Islington. Pasaron por diferentes calles hasta llegar á Great-Saffron-Hille que el camastrón atravesó mas que de prisa previniendo á Oliverio le siguiera de cerca.
Este estaba pensando seriamente si se escaparia, cuando llegaron al estremo de la calle. Su compañero cojiéndole entonces por el brazo empujó la puerta de una casa cerca de Field-Lane, y metiéndole en el pasadizo cerró la puerta tras de ellos.
—Quien va! —gritó una voz que venia de abajo, respondiendo á un silvido del Camastron.