El Camastron explota el bolsillo del Caballero anciano á la vista de Oliverio estupefacto.

CAPÍTULO XI.

DE LA MANERA QUE ADMINISTRA LA JUSTICIA EL MAGISTRADO MR. FANG.

EL hurto habia sido perpetrado dentro la jurisdiccion y de hecho en las inmediaciones de un tribunal de policía metropolitana muy celebrado. Los curiosos tuvieron la única satisfaccion de acompañar á Oliverio un corto trecho; es decir hasta un sitio llamado Multon-Hill donde le hicieron pasar bajo una bóveda sombría y baja que conducia á un patío súcio al detrás del que estaba ese dispensador de la pronta justicia. Alli encontraron un regordete con enormes favoritos en las megillas y un grueso manojo de llaves en la mano.

—Que hay de nuevo? —preguntó con suma displicencia.

—Un jóven pégre [1] —contestó el agente de policía.

—Sois vos el robado? —preguntó el carcelero al anciano caballero que estaba trás Oliverio.

—Si; —dijo este —yo soy; pero no estoy seguro que sea este niño quien ha cojido el pañuelo y por eso quisiera mas que la cosa no pasára adelante.

—Ya es tarde! Es preciso que se presente ante el magistrado. —repuso el carcelero —Pronto vá á ser puesto en libertad. —y dirijiéndose á Oliverio. —Ola in pasto de horca! Al avio!