—Esto será sin duda un error! —dijo Mr. Brownlow y aunque no tenia motivo para examinar á Oliverio, la idea de semejanza entre sus facciones y algun rostro que le era conocido le preocupaba de tal modo que no podia apartar la vista de él.
—No estais enfadado conmigo no es cierto señor? —dijo Oliverio con una mirada suplicante.
—No, no! —respondió Mr. Brownlow. —Por vida de... mirad Bedwin mirad allí.
Mientras esto decia comparaba con el dedo el retrato y el rostro del niño. Habia entre ellos una semejanza completa. Los ojos, la boca, la espresion y la forma de la cabeza eran absolutamente las mismas. Los rasgos de la fisonomía eran tan iguales en este momento que las menores líneas parecian copiadas en él con una exactitud que no tenia nada de terrestre.
Oliverio ignoró la causa de aquella esclamacion súbita, porque estaba tan débil que no pudo suportar el estremecimiento que le produjo y se desmayó.
CAPÍTULO XIII.
COMO POR MEDIO DEL VIEJO CHISTOSO EL LECTOR INSTRUIDO VA Á ADQUIRIR RELACIONES CON UN NUEVO PERSONAGE. —PARTICULARIDADES Y HECHOS INTERESANTES PERTENECIENTES A ESTA HISTORIA.
CUANDO el Camastron y su digno amigo maese Bates se juntaron á los que persiguian á Oliverio despues de su atentado á la propiedad de Mr. Brownlow, obraban por interés propio porque como la libertad individual es el primer derecho de que se envanece un inglés de raza pura, no tengo necesidad de demostrar al lector que esta accion debia ensalzarles á la vista de todo buen patriota.
Solo despues de haber recorrido un laberinto de callejones, nuestros dos muchachos se detuvieron de comun acuerdo bajo una bóveda baja y sombría. Habiendo permanecido en ella y en silencio el tiempo preciso para cobrar aliento, maese Bates dió un grito de satisfaccion y de alegria y arrancando una estrepitosa carcajada se dejó caer en el lindar de una puerta para desahogarse á discrecion.
—Que... que es esto? —preguntó el Camastron.