—Ah! ah! ah! —hizo Cárlos.

—Te callarás? —prosiguió el Camastron mirando á su alrededor con precaucion. —Tienes ganas de que nos pellizquen animal!

—Ello es mas fuerte que yo. —dijo Cárlos —No puedo impedirlo. Me parece que lo estoy viendo correr y pegar de narices en las esquinas de las calles y luego como si fuera de piedra como ellas volver á picar con los talones las espaldas de un modo tan gracioso y yo con el pingajo en mi faltriquera gritando tras él como los otros: Ah! ah! ah!.. que chistoso!

La imaginacion activa de maese Bates le representaba la escena con colores demasiado vivos, pues al llegar á este punto de su discurso se revolcó sobre el lindar de la puerta y arreció su risa de un modo aturrullador.

—Que vá á decir Fagin? —preguntó el Camastron aprovechándose de un instante en que su amigo no podiendo mas guardó silencio.

—Que? —reposo Cárlos.

—Si; que! —dijo el Camastron.

—Caramba! —esclamo Cárlos, un tanto afectado del modo con que el Camastron hizo esta observacion: —¿y que puede decir?

El Camastron á guisa de respuesta se divertió silvando, luego quitándose el sombrero se rascó la cabeza haciendo dos ó tres muecas.

—No te comprendo. —dijo Cárlos.