El judío hizo una señal de aprobacion.
—Sino ha garlado y está en la prision no hay peligro hasta que salga de ella —repuso Sikes —y entonces será necesario no perderle de vista. Es preciso poner manos á la obra de un modo á otro.
El judio hizo una nueva señal de cabeza aprobativa.
La prudencia de este plan de conducta era evidente sin duda alguna; pero desgraciadamente obstaba un grande impedimento para ponerlo en ejecucion. Fué el caso que él Camastron, Cárlos, Fagin y el mismo Sikes afirmaron cabalmente á una, que tenian la mas grande antipatia en acercarse á un tribunal de policía por cualquier causa y pretexto que fuera.
Difícil seria calcular cuanto tiempo hubieran podido estarse mirando uno á otro en un estado de incertidumbre nada agradable. Además tampoco es necesario formar ninguna conjetura sobre este punto porque la entrada repentina de dos señoritas que Oliverio habia visto ya la primera noche de su llegada al domicilio del judío reanimó la conversacion.
—Ya está resuelta la dificultad! —dijo Fagin —Betty irá. ¿No es cierto querida?
—Dónde? —preguntó esta.
—No mas que hasta el tribunal de policía. —contestó el judío con tono dulce.
Es preciso hacer justicia á la jóven diciendo que positivamente no rehusó; pero que expuso sencillamente el deseo de darse al diablo antes que ir allá; excusa honesta y delicada que prueba que la señorita estaba dotada de esa cortesia natural que no permite afligir á su semejante con una negativa formal.
El judío un si es ó no es desconcertado por la respuesta de esa Señorita que iba graciosamente (por no decir magnificamente) engalanada con un vestido colorado, botitas verdes y rizos rubios, se dirijió á la otra.