—Querida Nancy que dices á esto? —preguntó con aire melifluo.
—Que no me va ni me viene —respondió Nancy —y así que no vale la pena de dirigirse á mi.
—Que quieres decir con eso? —dijo Sikes levantando bruscamente la cabeza.
—Lo que digo Guillermo. —replicó la jóven con la mayor sangre fria.
—Porqué? —añadió Sikes —Tu eres justamente la persona que nos conviene; nadie te conoce en aquel barrio.
—Per eso no tengo ningunas ganas de que me conozcan. —continuó Nancy en el mismo tono.
—Ella irá Fagin. —dijo Sikes.
—No; ella no irá Fagin! —esclamó Nancy.
—Os digo que ella irá Fagin! —replicó Sikes.
Este tenia razon; á fuerza de amenazas, de promesas y de dadivas alternadas, la Señorita en cuestion se dejó persuadir al fin. No militaban para ella las mismas consideraciones que retenian á su amable amiga; habiendo poco que habia dejado el barrio de Ratcliffe para venir ha habitar el cuartel de Field-Lane que le es del todo opuesto no habia miedo de que fuera reconocida por ninguno de sus numerosos conocidos.