De consiguiente habiéndose puesto un delantal blanco y escondido sus rizos dentro un gorro de paja (dos artículos de adorno sacados del almacen inagotable del judío.) Nancy se dispuso para llenar su comision.

—Espera un momento querida. —dijo el judio trayendo una cesta pequeña con tapadera —Toma esto que infunde un aspecto mas respetable.

—Fagin dadle tambien una llave gruesa para llevarla en la otra mano. —dijo Sikes —Asi se parecerá mas á una cocinera que vá al mercado.

—Es muy cierto por vida mia! —repuso el judío pasando una gruesa llave por el index de la mano derecha de la jóven. —Ah! ah! Esto es! —continuó frotándose las manos.

—Oh! hermano! querido hermano! hermanito de mi alma! —esclamó Nancy fingiendo dolor y retorciéndose las manos en señal de desesperacion —¿Qué ha sido de él? Donde lo han llevado? Ah! por misericordia, decidme señores ¿que se ha hecho este niño? os lo suplico señores! decídmelo!

Habiendo pronunciado estas palabras en el tono mas lastimoso con gran satisfaccion de sus oyentes, Nancy se calló, lanzó una mirada á la compañía, dirigió una sonrisa de inteligencia á cada uno y desapareció.

—Ah! Es una muchacha muy diestra hijos mios! —dijo el judío sacudiendo la cabeza con ademán grave como una muda advertencia de seguir el ilustre ejemplo que acababan de tener ante sus ojos.

—Es la gloria y el honor de su sesco —añadió Sikes llenando su vaso y dando un golpe sobre la mesa con su puño enorme —A su salud! Quiera Dios que todas las mugeres se le parezcan!

Mientras que en su ausencia se hacia de ella tal elogio, la incomparable jóven se dirijia ligera hácia el tribunal de policía donde llegó al cabo de poco tiempo con toda seguridad á pesar de la timidez natural en su secso de andar solo por las calles.

Entrando por la parte trasera del edificio, llamó suavemente con su llave á la puerta de una de las celdillas y puso el oido atento; como no oyó ningun ruido dentro, tosió, escuchó otra vez y viendo que nadie la respondia dijo con tono dulce: