—Tened! veis esto? No es la cosa mas extraordinaria y sorprendente que no pueda entrar en ninguna casa sin encontrar en la escalera una cáscara de naranja! Ya una vez he sido estropeado por la cáscara de naranja y no dudo que la cáscara de naranja será mi muerte! Si; estoy cierto de ello: la cáscara de naranja me causará la muerte! Me comeria la cabeza que la cáscara de naranja será mi muerte!

Este era el ofrecimiento con que Mr. Grimwig apoyaba todos sus asertos. Lo mas extraordinario en este caso era que aun admitiendo (en favor del argumento) que les progresos científicos fuesen llevados hasta el punto de dar al hombre el poder de comerse su propia cabeza, por muy resuelto que estuviera á ello la del susodicho caballero era tan grande que por muy afanoso que estuviese de probar esa posibilidad física, jamás podria prometerse el logro de tan temerario empeño en una sola comida, aun haciendo abstraccion de una gruesa capa de polvo que la guarnecia.

—Me comeria mi cabeza! —repitió Mr. Grimwig golpeando con su baston sobre el pavimento y al ver á <Oliverio —Ola! que, es esto? —añadió retrocediendo dos ó tres pasos.

—Es el pequeño Oliverio Twist de quien os he hablado. —dijo Mr. Brownlow.

Oliverio hizo un saludo.

—Acaso quereis hablarme de ese muchacho que ha tenido la fiebre? —preguntó Mr. Grimwig retrocediendo aun mas —Esperad un poco! Nada digais! Ah! Ya caigo! —añadió bruscamente perdiendo todo temor á la fiebre y encantado de su descubrimiento —Este es el niño que ha comido una naranja arrojando luego la cáscara á la escalera! Si no es el quiero comerme mi cabeza y la suya por añadidura.

—No. Os engañais; no ha comido naranja —dijo sonriendo Mr. Brownlow. —Vaya dejad alli vuestro sombrero y hablad á mi jóven amigo.

—Este es el muchacho de que me habeis hablado no es cierto? —dijo al fin Mr. Grimwig.

—El mismo. —respondió Mr. Brownlow, haciendo á Oliverio una señal de cabeza amistosa.

—Y bien? Muchacho, como va de salud? —repuso Mr. Grimwig.