—Ya llegamos! —dijo Sikes lanzando una mirada á su alrededor.
Nancy pasó la mano por debajo los postigos y Oliverio oyó sonar una campanilla en el interior. Fueron á colocarse debajo de un farol y esperaron algunos momentos. Rechinó el ruido de una llave en la cerradura y poco despues la puerta se abrió con la mayor precaucion. Sikes entonces sin mas cumplimientos cojió el niño por el cuello y en un decir Jesus estuvieron los tres dentro de la casa. Entre la obscuridad mas profunda esperaron que la persona que les habia abierto hubiera cerrado otra vez la puerta con llave y cerrojos.
—No hay ninguno aquí? —preguntó Sikes.
—No. —respondió una voz que Oliverio creyó reconocer.
—El viejo está? —prosiguió el bandido.
—Si. —replicó la voz —Lindamente enredado entre espinas esperándoos. Con esto quien no tendrá placer de veros! Pues ya!
El estilo de esta respuesta y el tono con que fué pronunciada, eran familiares á los oidos de Oliverio; pero no pudo descubrir la fisonomía del interlocutor.
—Alúmbranos un poco si no quieres que nos rompamos el bautismo, ó que pisemos al perro —dijo Sikes. —Os advierto que tengais cuidado con las piernas si pisais sus patas.
—Aguardad un momento que vaya á buscar la luz! —repuso la voz.
En esto se oyó el ruido de los pasos de una persona que se alejaba y luego apareció Jaime Dawkins vulgo el fino Camastron llevando en la mano una vela colocada en un palo hendido. Sé contentó con hacer una mueca á Oliverio para renovar las amistades con él é hizo señal á los visitadores de que le siguieran. Bajaron la escalera, atravesaron una cocina desprovista de utensilios y abriendo la puerta de un chiribitil del que se exhalaba un olor fétido, fueron recibidos entre carcajadas y aclamaciones de alegria.