—No hay razon para ello Guillermo, ninguna razon. ¿No es cierto Nancy? —contestó el judío.

—Haya razon ó no —replicó Sikes. —dadme eso! Os lo digo por la última vez! ¿Creeis que Nancy y yo no tengamos nada mas que hacer que pasar un tiempo precioso siguiendo la pista y cojer á todos los muchachos que se dejan prender para vuestro provecho? Venga acá eso viejo avaro! (Esqueleto carcomido!) Trasto de desván!

Pronunciando tales palabras Sikes se apoderó del billete de banco que el judío tenia entre el pulgar y el indice y pasando con la mayor sangre fria su vista por él, lo plegó en cinco ó seis vueltas y lo encerró dentro de un nudo que hizo en el pañuelo que llevaba al cuello.

—Esto es por el trabajo que nos hemos tomado. —dijo Sikes ajustando de nuevo su corbatin —Todavía no es la mitad de lo que él vale! Vos podeis quedaros con los libros si sois aficionado á la lectura, ó sino los vendereis!

—Qué bien escritos están! —dijo Cárlos que ojeó uno de los tomos haciendo mil muecas —Bello estilo por vida mia! Espresiones elegantes! No es verdad Oliverio? —Y viendo el ceño lastimoso que ponia este mirando á sus perseguidores, maese Bates que estaba dotado de un espíritu cáustico y que además tenia un gusto decidido por el burlesco se puso á reir á carcajadas y ha hacer mas ruido que antes.

—Son del anciano caballero! —dijo Oliverio torciéndose las manos —De ese bueno y respetable caballero que me llevó á su casa y que tuvo cuidado de mi cuando estaba malo y me iba á morir! Ah! Os lo suplico, enviádselos! Devolvedle los libros y el dinero! Tenedme encerrado aquí toda mi vida; pero por amor de Dios devolvedle lo que le pertenece! Creerá que le he robado! La buena señora y todas las personas de la casa que han sido para mi tan buenas, me tendrán por un ladron! Oh! tened piedad de mi! Devolved los libros y el dinero!

Pronunciando estas palabras con el acento de la mas violenta desesperacion, Oliverio se echó á los piés del judío juntando sus manos con ademan suplicante.

—El niño tiene razon! —dijo Fagin arrojando una mirada á su alrededor y frunciendo sus cejas rojas —Tienes razon Oliverio; mucha razon! Pensarán que has robado los libros y el dinero. Ah! ah! —prosiguió rechinando los dientes y frotándose las manos— Esto no podia venir mejor, aunque lo hubieramos hecho á propósito!

—Sin duda que no podia venir mejor! —contestó Sikes —He aquí lo que me ha acudido de pronto en el pensamiento cuando le he visto atravesar Clerkenwell con sus libros bajo el brazo. Ellos deben ser unas santas almas de otro modo no le hubieran recojido en su casa. Luego no le reclamarán por temor de tenerle que perseguir ante los tribunales y hacerle prender. Con que está bien seguro!

Hasta entonces Oliverio habia mirado á uno y otro alternativamente con aire inquieto sin comprender del todo lo que querian decir; pero cuando Sikes concluyó de hablar, se levantó de repente, se escapó del aposento sin saber donde dirijirse llamando á su socorro y haciendo resonar la casa con sus gritos.