—Guillermo llama á tu perro! —esclamó Nancy corriendo á la puerta y cerrándola trás el judío y sus dos educandos que se habian lanzado en persecucion de Oliverio —Llama á tu perro! Va á devorar á ese muchacho!

—Voto á brios que lo merece! —gritó Sikes reuniendo todas sus fuerzas para desprenderse de las manos de la jóven. —Quítate tú de aqui! Suéltame te digo ó voy á romperte el cráneo contra la pared!

—Nada me importa! —continuó Nancy forcejando para conservar su puesto —Este muchacho no será devorado por el perro, sin que antes tu me hayas muerto!

—Dices bien! —dijo Sikes rechinando los dientes. —Esto va á ser pronto si no te retiras!

Esto diciendo el bandido arrojó con toda su fuerza á la jóven al otro estremo del aposento, justamente en el instante en que el judío y los dos muchachos volvieron á entrar conduciendo á Oliverio.

—Que sucede ahora? —preguntó Fagin.

—Creo que se ha vuelto loca? —contestó Sikes con acento feroz.

—No, no está loca! —dijo Nancy pálida por la cólera y sofocada por la lucha que acababa de sostener —No, no lo creais Fagin!

—Entonces quieres callarte! —dijo el judío con tono amenazador.

—No; no me callaré! —replicó Nancy levantando la voz. —Que querais decirme con ese tono?