—Pregunta quién ha llegado—dijo el Marqués al servidor.
Era el sobrino del señor, a quien en la casa de postas habían manifestado que el Marqués habría llegado ya al castillo.
—Vete y dile de mi parte que la cena espera, y que le ruego venga sin tardanza.
Minutos después entraba en el comedor el viajero, que era el mismo joven a quien hemos conocido en Inglaterra bajo el nombre de Carlos Darnay.
Recibióle el señor Marqués con exquisita cortesanía, pero no se dieron las manos.
—¿Salió usted ayer de París?—preguntó el joven al sentarse a la mesa.
—Ayer, sí; ¿y tú?
—Yo he venido directamente aquí.
—¿Desde Londres?
—Sí.