El joven acercó una silla sin dificultad, pero parece que la encontró para dar comienzo a la conferencia.

—He tenido la felicidad de frecuentar tanto esta casa—principió diciendo al fin—desde hace año y medio, que espero que el tema que voy a tocar no ha de ser...

Interrumpióle el doctor alargando una mano.

—¿Es Lucía el tema en cuestión?—preguntó.

—Lucía es.

—Siempre me afecta profundamente hablar de Lucía; pero me es doloroso oir hablar de ella en el tono que usted lo hace, Darnay.

—Es el tono de la admiración ferviente, del homenaje entusiasta, del amor más profundo, doctor—replicó Darnay.

Otra pausa más prolongada que la anterior.

—Lo creo. Con gusto hago a usted justicia... lo creo.

La contrariedad del doctor era tan visible, que Darnay, comprendiendo que había abordado un tema que disgustaba al padre, vaciló.