—¿Demonio?—repitió Stryver vivamente.—¿Eso es lo que a usted se le ocurre decirme? ¿Qué significa su exclamación, señor Lorry?
—Es una exclamación... amistosa... personal... puramente apreciativa, que puede significar todo lo que usted desee que signifique. La verdad, señor Stryver... me parece... encuentro...
—¡Basta!—respondió el abogado, descargando un manotazo sobre la mesa.—¡Si entiendo lo que me dice, señor Lorry, que me cuelguen!
Lorry ajustó a su cabeza su peluquín, y quedó mirando a su interlocutor mordiendo las barbas de su pluma.
—¿Es que me considera usted no elegible?—preguntó Stryver, mirando con fijeza a su interlocutor.
—¡Muy al contrario, señor Stryver! Sí... es usted elegible.
—¿No soy buen partido?
—Buen partido; sí... ¿por qué no?
—¿No progreso? ¿No medro?
—Sí, señor... ¿quién lo duda?