—¿En qué ramo comercia?
—Comercia... en géneros científicos de naturaleza especial.
—En cadáveres humanos; ¿verdad, padre?
—Creo que no andas del todo descaminado, hijo.
—¡Oh padre! ¡Yo quisiera ser desenterrador cuando llegue a hombre!
La proposición llenó de noble orgullo al padre. Sin embargo, moviendo la cabeza como con aire de duda, replicó:
—Dependerá del vuelo que alcancen tus talentos. Procura alentar su desarrollo, a lo cual contribuirá poderosamente el ejemplo que te doy. Hoy es prematuro hablar de lo que en lo futuro harás o dejarás de hacer.
Momentos después, mientras el muchacho iba a colocar el banco a la sombra del edificio del Tribunal del Temple, Jeremías Lapa murmuró para sus adentros:
—Amigo Jeremías, honrado menestral; puedes abrigar esperanzas fundadas de que tu hijo llegará con el tiempo a ser un tesoro que compensará tu desgracia de tener por esposa a una mujer desnaturalizada.