«Prisión de la Abadía, París.
»Junio, 21, 1792.»
»Señor Marqués:
»Después de correr durante largo tiempo peligro inminente de dejar la vida en manos de los vecinos de la aldea, he sido preso, sometido a mil violencias y atropellos, y al fin conducido a París, cuyo largo viaje me han obligado a hacer a pie. Las amarguras que en el camino he apurado no son para contarlas aquí; y no es esto todo; mi casa ha sido destruída... arrasada hasta los cimientos.
»El crimen de que me acusan, el que me tiene enterrado en la cárcel, señor Marqués, el crimen por el que compareceré ante el Tribunal y que me costará la cabeza (si usted no me presta su generoso auxilio) es, según dicen ellos, el de traición contra la majestad del pueblo, al que aseguran que he vendido para proteger a un emigrado. En vano les he hecho presente que, lejos de obrar contra ellos, he obrado en su favor, ateniéndome a instrucciones suyas, señor Marqués; en vano he alegado que con anterioridad a la confiscación de los bienes de los emigrados había yo condonado los impuestos que el pueblo cesó de pagar, que no cobré las rentas, que no recurrí a los tribunales. A todas mis representaciones contestan que obré en favor de un emigrado, y yo me pregunto: ¿dónde está ese emigrado?
»¡Ah, mi buen señor Marqués! ¿Dónde está ese emigrado? Yo pregunto mientras duermo; ¿dónde está? Vuelvo mis ojos a los cielos, y les pregunto; ¿vendrá a salvarme? No me contestan. ¡Ah, señor Marqués! Envío mi grito de angustia a través de los mares, por si Dios quiere que llegue a sus oídos por mediación del gran Banco Tellson, tan conocido en París.
»Por el amor de Dios, por equidad, por justicia, por generosidad, por el honor inmaculado de su noble apellido, señor Marqués, le suplico que corra en mi auxilio y me libre de la muerte que me amenaza. Mi único crimen es haber sido fiel a usted... ¡Oh señor Marqués! Yo confío que usted corresponderá a mi fidelidad.
»Desde esta mazmorra donde todos los horrores tienen su asiento, desde esta antesala de la muerte, envío a usted, señor Marqués, la expresión de mi dolorosa lealtad, juntamente con el ofrecimiento de mis desgraciados servicios.
»Su afligido servidor,
»Gabelle.»